martes, 22 de enero de 2008

sONETO cINCO















Tus manos dibujaron el destino.
Tu llanto, la discordia de los pueblos.
El viento impulsaba tus estilos.
Los dioses resguardaron tus deseos.

La misma odisea firmó tu designio.
Las páginas aún hablan de tu esmero
y del remoto pesar de lo maligno
que azotó el final de tu gobierno.

La daga mostrando su dulce sonrisa,
el áspid rozando la piel del poder,
pestes y males plagando la brisa.

Y un manto negro cubriendo el volver.
Robándose luz, la nada enfermiza.
Rompióse el destino y dejaste caer…

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